Llevó a su joven "invitada" a la gala benéfica, convencido de que su esposa extrañaba su hogar, hasta que ella entró vestida de oro, tomó el micrófono y llamó a la amante al escenario frente a 300 personas. Con un discurso sereno, convirtió su secreto en un espectáculo público... y la verdadera razón por la que había esperado meses solo salió a la luz cuando cesaron los aplausos.
Las dos invitaciones
Victor Mallory se ajustó la pajarita una última vez, observando su reflejo en el espejo como si estuviera ensayando la confianza. La gala benéfica era la noche más importante del año: trescientos invitados, cámaras, donantes y esas sonrisas que hablan en serio.
En su escritorio había dos invitaciones. Una decía: "Sr. Victor Mallory y Sra. Saskia Mallory".
La otra decía: "Sr. Victor Mallory + Invitada".
La segunda invitación venía con una nota manuscrita de Bianca Rinaldi: "Esta noche dejamos de escondernos".
Bianca era más joven, brillante, cautivadora; todo lo que Víctor se decía a sí mismo que su matrimonio se había vuelto "demasiado ajetreado" para ser. Su relación se había mantenido cuidadosamente en la sombra durante meses: "reuniones", "viajes de trabajo", cenas tardías con excusas pulidas hasta el último detalle.
Su teléfono vibró.
Bianca: "Estoy deseando bailar contigo delante de todos".
Entonces llegó otro mensaje: el de su esposa.
Saskia: "Me cambié de vestido. Llevo el dorado que te gusta. Quiero que esta noche sea perfecta".
Víctor sintió una ligera inquietud en el pecho. Saskia nunca escribía así. Ya no.
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