Seis meses después
Seis meses después de la gala, el nombre de la empresa en el piso 22 había cambiado. La oficina también se veía diferente: más luminosa, más cálida, más llena de vida. Saskia estaba sentada detrás del mismo escritorio que Víctor usaba para practicar la confianza.
Llamaron a la puerta.
Era Bianca; ya no llevaba un vestido llamativo, ni brillo, ni una seguridad prestada. Solo un traje sencillo y un rostro serio. “Vine a darte las gracias”, dijo Bianca con voz tensa. “No porque fuera fácil… sino porque me hizo ver la verdad”.
Saskia la observó y asintió.
“¿Y ahora?”, preguntó.
Bianca exhaló. “Ahora construiré algo real”.
Saskia no sonrió ampliamente. No lo necesitaba.
Ya había demostrado lo único que importaba:
Cuando una mujer deja de interpretar el papel que le han asignado, hasta la sala más ruidosa aprende a escuchar.
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