La ceremonia comenzó con los discursos habituales, políticos hablando de educación, sin haber pisado un aula en décadas, empresarios prometiendo becas que sus asesores gestionarían. Santiago apenas escuchaba, su mente estaba en otra parte. Cuando quedaban solo tres estudiantes por reconocer, sintió una presencia a su lado. Herrera se volteó. El profesor Méndez estaba parado en el pasillo, vestido con su mejor traje. Su expresión era diferente a cualquiera que Santiago le hubiera visto. Profesor, ¿podemos hablar un momento antes de que subas?
Santiago miró a su madre. Marta reconoció al hombre y su mandíbula se tensó, pero asintió levemente. Se apartaron hacia un rincón del auditorio. “Quería felicitarte personalmente”, dijo Méndez. Primer lugar nacional. Es extraordinario. Gracias, profesor. Y quería Méndez se detuvo buscando palabras que claramente le costaba pronunciar. Quería disculparme formalmente. Ya lo hizo en su oficina. No completamente, no con la honestidad que merecías. Santiago esperó. Cuando te vi entrar a mi salón, vi todo lo que había tratado de dejar atrás.
La pobreza, la vergüenza, la sensación de no pertenecer. En lugar de ayudarte, te castigué por recordarme de dónde venía. Fue cobarde. Fue injusto. Lo fue, lo sé. Méndez bajó la mirada. He enseñado 25 años. Formé campeones. Envié estudiantes a las mejores universidades, pero nunca me pregunté si estaba formando buenas personas. Solo me preguntaba si estaba produciendo buenos resultados. Y ahora, ahora me pregunto, ¿cuántos estudiantes como tú dejé en el camino? ¿Cuántos talentos ignoré porque no encajaban en mi molde.
El presentador anunció el tercer lugar. Quedaban dos estudiantes. Profesor, dijo Santiago, no le guardo rencor. Lo que pasó me hizo más fuerte. Pero hay algo que puede hacer. ¿Qué? Hay miles de estudiantes como yo en zonas rurales de todo el país. Niños brillantes que nunca tendrán una oportunidad porque nadie los ve. Si realmente quiere compensar lo que hizo, no me lo demuestre a mí, demuéstrelo con ellos. Méndez lo miró con ojos que brillaban sospechosamente. ¿Cómo? El ministerio está creando un programa para identificar talentos en zonas marginadas.
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