Lo cuidó como a un hijo. Él solo esperaba que muriera.

Ella solo lo miró, con una expresión que no le gustó.

—¿Qué pasa? —preguntó él.

—Nada. Solo pienso que deberías disfrutar cada bocado.

Esa misma noche, Pavel se fue a dormir temprano. Estaba extrañamente cansado. Elena se quedó en la sala, mirando una foto antigua de ambos. Ella sonreía en la imagen. Él también, aunque ahora parecía una mueca vacía.

A la mañana siguiente, Pavel despertó con un malestar insoportable. Náuseas, sudor, debilidad. Elena lo ayudó a sentarse.

—¿Quieres que llame a un médico? —preguntó con tono neutro.

—No… quizás solo algo que comí… —balbuceó él.

Fue entonces cuando sonó el timbre. Dos policías estaban en la puerta. Pavel intentó levantarse, pero se desmayó. Los agentes entraron rápidamente.

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