Mucha gente arranca el día con un vaso grande de leche entera, un batido en polvo o yogures azucarados. Si bien los lácteos en su justa medida pueden ser nutritivos, el exceso es otra historia. Los riñones se ven obligados a manejar grandes cantidades de fósforo, calcio y proteínas de rápida absorción que, si no se equilibran, pueden generar problemas a mediano plazo.
En personas con predisposición a cálculos renales, un consumo alto de lácteos y productos enriquecidos con calcio puede favorecer la formación de piedras en los riñones. A esto se suma que los batidos en polvo, sobre todo los industrializados, suelen venir cargados de endulzantes artificiales, colorantes y aditivos que no hacen ningún favor al sistema renal. Lo mejor es mantener un consumo moderado y, de preferencia, elegir alternativas naturales como yogur griego sin azúcar, bebidas vegetales fortificadas o batidos caseros con frutas reales.
El impacto de estos desayunos a largo plazo
La mayoría de las personas no nota inmediatamente el daño que producen estos desayunos. Al fin y al cabo, los riñones son órganos silenciosos, capaces de seguir funcionando incluso con un daño considerable. Sin embargo, con los años, las señales empiezan a aparecer: cansancio extremo, hinchazón, problemas en la orina o presión arterial descontrolada. Todo esto podría haberse prevenido con cambios sencillos en la alimentación diaria.
Alternativas más amigables con tus riñones
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