Los familiares corren al dormitorio pensando lo peor: y ven al niño en el suelo, cerca del armario.

Un día, Lisa preguntó con cautela:

"Tía Katya... ¿de verdad no me vas a echar?"

Katya se sentó y le tomó las manos.

"Liza", dijo, "no puedes 'echarte'. Eres humana. Formas parte de la vida de tu papá. Y si somos una familia, significa que estamos aprendiendo a estar juntos. Pero la familia no es cuando todos se callan. La familia es cuando todos dicen la verdad".

Liza asintió con seriedad, como una adulta pequeña.

Ilya se quedó junto a la puerta, escuchando. Luego se acercó y abrazó a Katya.

"No te merezco", susurró.

Katya lo miró.

"No 'merecer'. Sino 'cuídate'. Todos los días. Y Lisa también". Ilya asintió.

Esa noche, Katya se dio cuenta: su boda no había terminado. Simplemente había comenzado de verdad, no con besos, sino con honestidad y límites.

Epílogo. Los invitados se quedaron sin palabras, pero Katya encontró su voz y salvó no una noche, sino una vida.
La gente susurró sobre esa noche durante mucho tiempo: "¿Te imaginas? El niño está en el armario", "gritos", "escándalo", "horror". A la gente le encanta el sensacionalismo.

Pero Katya recordaba algo más.

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