Los familiares corren al dormitorio pensando lo peor: y ven al niño en el suelo, cerca del armario.

Irina Pavlovna se quedó paralizada en el pasillo con una taza de agua; una de sus amigas ya bajaba corriendo las escaleras, y el padre de Ilya, Nikolai Petrovich, fue el primero en llegar a la puerta y tirar del picaporte.

"¡¿Katya?! ¡¿Ilya?!", tembló la voz. "¡¿Qué pasó?!"

El grito se repitió, más débil, más desesperado.

Alguien empujó la puerta con el hombro y se abrió de golpe.

Etapa 2. Toda la casa empujó la puerta: y lo que vieron desafiaba las explicaciones habituales.
Una lámpara de noche ardía en el dormitorio, proyectando una luz tenue sobre las paredes. Y lo primero que vieron fue a Katya. Estaba descalza, con una camisa blanca que, evidentemente, acababa de ponerse. Tenía la cara blanca como la tiza. Le temblaban las manos.

E Ilya estaba sentado de rodillas junto a la cama. No estaba tumbado, no se reía; estaba allí sentado, como si hubiera perdido las fuerzas. Levantaba las palmas de las manos, como quien jura no haber tocado nada.

Y entre ellos, justo en la alfombra, estaba... una niña pequeña.

De unos seis o siete años. Llevaba un viejo suéter de felpa, el pelo despeinado y los ojos abiertos de par en par por el miedo. Apretó la muñeca contra su pecho y lloró en silencio, como lloran los niños cuando se cansan de llorar a gritos.

"¡Dios mío!", exclamó Irina Pavlovna, tapándose la boca con la mano.

"¡¿De dónde ha salido la niña?!", preguntó una de sus amigas, confundida.

Katya señaló a la niña con un dedo tembloroso.

"Ella... estaba en el armario", dijo Katya, tragando saliva. "Lo... abrí... y estaba sentada allí... y... y dijo..."

Katya se giró hacia Ilya, y su mirada lo reflejó todo: miedo, dolor, desconfianza, rabia.

"Dijo: 'Papá, estoy aquí. Lo prometiste'".

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.