"Sí", admitió Ilya. "Es mi culpa".
El silencio se volvió denso de nuevo. Liza miró a Katya y de repente preguntó en voz baja:
"Tía Katya... ¿no me vas a echar?"
Y esa fue la pregunta que más lo impactó.
Katya miró al niño: pequeño, perdido, incapaz de entender la "culpa", los "límites" o la "manipulación". Solo un niño que había recurrido a su padre y se había visto atrapado en medio de una guerra de adultos.
Katya se acuclilló lentamente junto a Lisa. Le tomó la mano.
"No te voy a echar", dijo Katya. "No es tu culpa. La culpa la tienen los adultos". ¿Me oyes?
Lisa asintió, respirando con dificultad.
Katya se levantó y miró a Ilya de otra manera: sin ternura, pero tampoco histeria. Con una verdad clara, adulta y fría.
"Aceptaré al niño", dijo. "Pero no aceptaré mentiras. Y no aceptaré a tu madre como directora de nuestras vidas".
Etapa 5. Una noche de conversaciones sin romance: Cuando el "amor" no se prueba con besos, sino con honestidad
Los invitados fueron conducidos gradualmente fuera de la habitación. Algunos se quedaron en el pasillo para apoyarlos, otros se fueron, sin saber qué decir. Nikolai Petrovich cogió a Lisa en brazos y dijo en voz baja:
"Vamos, pequeña. Te prepararemos una cama abajo". Estás cansada."
Lisa se aferró a él como si fuera un refugio.
Nikolai Petrovich literalmente sacó a Lyudmila Sergeyevna de la habitación por el codo.
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