LOS GEMELOS MILLONARIOS NO COMÍAN NADA, HASTA QUE LA NUEVA NIÑERA HIZO ALGO — Y EL PADRE VIUDO SE…

A Mariana le picó la curiosidad, pero no quiso parecer metiche. Se acercó a la mesa, limpió un poco el área y comenzó a poner los platos. El comedor estaba enorme, con una lámpara colgando que daba más sombra que luz. Puso servilletas con figuras de animales que encontró en un cajón.

Nada muy llamativo, solo un intento por hacer el momento más amable. Ricardo apareció puntual, vestido igual que en la mañana, elegante, pero sin alma. Saludó seco, se sentó al frente de la mesa y revisó su celular.

Mariana colocó los platos y llamó a los niños. Bajaron sin prisa, tomados de la mano. Se sentaron uno frente al otro. Nadie hablaba. Chayo sirvió arroz, pollo asado y sopa caliente. El olor era bueno, pero los niños ni lo miraron.

Mariana se sentó al lado de ellos, observando cada gesto. Ricardo levantó la vista un segundo.

Pueden comer si quieren. No están obligados,” dijo. Luego bajó la mirada al teléfono.

Mariana se inclinó un poco hacia Sofía.

“¿Quieres que te ayude con el pollo?”

La niña negó con la cabeza. Emiliano solo miraba su plato como si fuera una hoja en blanco.

Mariana pensó en sus sobrinos, en cómo les gustaba hacer figuras con la comida.

“¿Y si hacemos una carita con el arroz?”, propuso en voz baja.

Sofía giró los ojos.

“No queremos comer”, soltó Emiliano sin emoción.

Ricardo levantó la vista, pero no dijo nada. Mariana le sonrió al niño.

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