LOS GEMELOS MILLONARIOS NO COMÍAN NADA, HASTA QUE LA NUEVA NIÑERA HIZO ALGO — Y EL PADRE VIUDO SE…

“Está bien, no tienen que comer, pero pueden contarme cómo fue su día.”

Los niños se quedaron mudos. Chayo miraba desde la cocina con cara de “Te lo dije”. Ricardo se levantó antes de que pasaran 10 minutos.

“Tengo una llamada. Disculpen.”

Se fue sin más.

Mariana se quedó sola con los niños. El silencio pesaba, pero no se rindió. Se paró. Fue por una manzana. La partió en gajos, la acomodó en forma de estrella en un plato pequeño y la puso entre los dos.

“No es comida de verdad, es una figura solo para ver si adivinan qué es.”

Los niños miraron el plato. Un segundo. Dos. Sofía estiró la mano y acomodó un gajo. Emiliano hizo otro movimiento.

No se lo comieron, pero ya habían tocado algo. Chayo chasqueó la lengua.

“Eso no es cenar”, murmuró desde la cocina.

Mariana ignoró el comentario. Se quedó ahí sentada, sin decir nada más, solo mirando como los niños, sin hablar, acomodaban gajito por gajito, haciendo una especie de flor. Cuando terminaron, Sofía empujó el plato hacia Mariana.

“Es un sol”, dijo. Emiliano asintió.

Mariana sonrió. No era comida, pero era un primer paso. Un sol hecho de manzana en una casa donde todo era frío. La cena terminó con los platos llenos, pero por primera vez alguien habló, aunque fuera poquito.

Mariana limpió todo, lavó los platos y, cuando estaba por subir, Chayo se le acercó.

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