LOS GEMELOS MILLONARIOS NO COMÍAN NADA, HASTA QUE LA NUEVA NIÑERA HIZO ALGO — Y EL PADRE VIUDO SE…

y Emy. Mariana sintió un nudo en el pecho.
¿Podemos reconstruir la casita?, preguntó Emiliano. “Claro que sí”, respondió Mariana sin pensarlo. Pasaron horas entre ramas, piedras, hojas secas y gritos bajitos de emoción. Sofía encontró una muñeca rota y la sentó en una esquina de la casita. Emiliano puso una piedra grande como si fuera un

asiento.
Mariana arregló el techo con una lona vieja que traía en la mochila. No quedó perfecta, pero ya no se mojaban si llovía. En medio de todo escucharon pasos, pasos firmes. Ricardo se detuvo en seco al ver la reja abierta. Caminó rápido con la cara seria. Mariana lo vio venir, pero no se movió. Los

niños tampoco. Ricardo miró todo en silencio.
El columpio, la casita, los restos del picnic. Luego habló bajito. ¿Quién les dio permiso de entrar aquí? Emiliano lo miró con miedo. Sofía bajó la cabeza. Mariana se levantó. Yo los traje. Este lugar les pertenece y necesitaban volver. Ricardo apretó los labios, se giró y miró hacia el árbol

grande. Ahí había una tabla con los nombres de los niños tallados.
Lucía hizo este lugar para ellos. Dijo casi sin voz. Era su rincón secreto. Mariana no sabía si hablar o quedarse callada. ¿Y por qué lo cerraste?, preguntó ella al fin. Ricardo tardó en responder porque me dolía, porque no podía verlo sin pensar en ella. Mariana lo miró directo y ellos tampoco

podían olvidarla si se les prohibía recordarla.
Ricardo se quedó quieto, luego se acercó al árbol, pasó la mano por la tabla y se sentó en el suelo. Emiliano se le acercó. Papá, ¿podemos venir aquí todos los días? Ricardo no respondió de inmediato, luego lo miró. Sí, pero solo si cuidan el lugar. Sofía se acercó a él y le puso la tarjeta del club

secreto en las piernas.
Ricardo la miró, sonrió apenas y la guardó en su saco. Esa tarde nadie mencionó la palabra prohibido, nadie cerró la reja. Nadie fingió que no había pasado nada porque ese lugar lleno de polvo y ramas había traído algo que hacía mucho no se sentía. Libertad. Ese día Mariana decidió que no iba a

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