Los médicos me dieron tres días y mi marido dio la cara.

Pavel se quedó paralizado. Por un segundo, se dio cuenta de que habría dicho "no". Pero su ego superó la cautela.

"Estoy cansado de esperar", susurró, con la irritación a flor de piel. "Lo controlabas todo. Todos esos millones, la clínica, la casa... como si yo no fuera nadie. Y ahora... por fin."

Elina abrió lentamente los ojos y lo miró directamente. No con la mirada de una moribunda. Con la mirada de una amante.

Pavel retrocedió.

—¿Estás... estás consciente?

Elina le apretó los dedos con una fuerza inesperada.

—Siempre ahí —susurró—. Solo escuchando.

Pavel palideció. Se levantó bruscamente, mirando a su alrededor, como buscando una salida.

—Eres... tú... —graznó—. ¡¿Tú organizaste esto?!

Konstantin entró por el pasillo. Detrás de él venían los guardias de seguridad de la clínica, a quienes ya les había transmitido las órdenes del médico jefe, ya informados del riesgo.

—Pavel Andreevich —dijo Vorontsov con calma—, estás detenido hasta que llegue la policía. Tenemos una grabación. Tenemos documentos. Y tenemos motivos para creer que intentaste obtener bienes mediante fraude y podrías haber puesto en peligro la vida del paciente.

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