1. Huevos: Ayudan al hígado a procesar la grasa de forma más eficiente.

Las yemas de huevo son ricas en colina, un nutriente esencial para el metabolismo de las grasas. Sin suficiente colina, la grasa tiende a acumularse en el hígado, lo que puede provocar hígado graso.
Los huevos también aportan proteínas de alta calidad, que el cuerpo utiliza para producir glutatión, un potente antioxidante que ayuda al hígado a reparar el daño.
En resumen: consumir huevos de la manera correcta no daña el hígado; de hecho, le ayuda a gestionar mejor la grasa.
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