Entonces Simón hizo algo que nunca había hecho en su vida. Dejó su oficina elegante, se subió a su carro y manejó hasta el humilde apartamento de Rachel. Cuando tocó la puerta, le abrió una niñita de 6 años con ojos brillantes e inteligentes. “¿Quién es usted, señor?” preguntó Sofía con curiosidad. “Hola, soy Simón. Vengo a ver a tu mamá. Tú eres Sofía, ¿verdad?” Cuando Rachel apareció, se quedó helada al ver a su exjefe en su pequeño apartamento. Simón, que siempre había sido frío como témpano, ahora la miraba con una calidez que nunca había visto.
“Vine porque la empresa te necesita, Rachel. No solo porque el proyecto está en peligro, sino porque me di cuenta de que estuvimos mal al dejarte sufrir todo esto.” Rachel negó con la cabeza. “Simón, no quiero regresar. No quiero seguir peleando contra gente como Hasson.” Fue entonces cuando Sofía, que había estado escuchando en silencio, se acercó a su mamá. “Mami, tú siempre me dices que nunca nos rendimos, ¿verdad?” Esas palabras tocaron el corazón de Rachel. Simón aprovechó el momento para prometer algo que cambiaría todo.
“Rachel, esta vez será diferente. Te protegeré. Si confías en mí, cambiaremos todo juntos.” Y así fue como Rachel regresó a la empresa, pero no como intendente, sino como la estrella principal de la conferencia de inversionistas más importante del año. Cuando Rachel subió al escenario, todos los ojos estaban sobre ella. Había cientos de personas: inversionistas famosos, expertos de la industria y colegas que habían dudado de ella. “Señoras y señores,” comenzó con voz clara y confiada, “estoy aquí hoy no como una experta reconocida, ni como alguien con credenciales impresionantes.
Estoy aquí como la mujer que solía limpiar oficinas en las noches, como una madre soltera que quiere enseñar a su hija que nunca debemos rendirnos.” El silencio era absoluto. Tenía a toda la audiencia en la palma de su mano. Explicó el problema con la simplicidad que solo los genios pueden lograr. Usó analogías que todos entendían, como comparar el algoritmo bloqueado con un río atascado por troncos. En lugar de echar más agua esperando que se destape solo, dijo con una sonrisa: “Simplemente quitas la obstrucción.” Los aplausos fueron ensordecedores.
Hasson, que estaba entre la audiencia, se veía derrotado. Su cara reflejaba la amargura de alguien que había perdido todo por su propio orgullo. Al final, Rachel no solo salvó el proyecto de 500 millones de dólares, sino que se ganó el respeto de toda la industria. Simón la nombró asesora creativa senior y Hasson tuvo que disculparse públicamente por su comportamiento. Pero la historia más hermosa viene después. Esa noche, cuando Rachel llegó a su apartamento, encontró a Simón jugando rompecabezas con Sofía en el piso de la sala.
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