Dentro había extractos bancarios, transferencias bancarias y retiros de efectivo que Laura nunca había visto: transacciones a su nombre que sumaban decenas de miles de dólares. Y al final, un formulario impreso de informe policial donde Laura figuraba como principal sospechosa.
Emma vio cómo el rostro de su madre pasaba de la confusión al horror.
"Esto... esto parece una prueba", susurró Laura. "Pruebas de fraude. Pero yo no hice nada de esto".
Emma recordó esas escalofriantes palabras: Esta noche puede llamar a la policía. Esa idiota no sospechará nada.
"Mamá", dijo en voz baja, "creo que la tía Caroline quiere incriminarte. Creo que te está tendiendo una trampa".
Quizás la imagen de una niña.
Las manos de Laura temblaban mientras examinaba los papeles. "¿Por qué haría eso? Ni siquiera discutimos. Siempre hemos sido muy unidas".
Pero cuanto más miraba, más claro lo veía: alguien se había esforzado al máximo para que pareciera culpable. Emma se tiró de la manga. "No podemos dejarla..."
"Llama a la policía."
Laura se recompuso. "No. Necesitamos pruebas. Necesitamos entender qué está planeando y por qué."
Fue a su portátil y abrió sus cuentas bancarias. Se le aceleró el corazón al descubrir más transacciones no autorizadas, que coincidían exactamente con los extractos. Alguien había accedido a sus cuentas. Alguien cercano.
Emma, todavía asustada, recordó algo de repente. "Mamá... cuando la tía Caroline estaba aquí, era como si no estuviera sola. Decía: 'Yo me encargué de todo'. Debe de estar involucrada."
Laura se volvió hacia su hija, con el miedo reflejado en su voz.
"Entonces, no nos queda mucho tiempo."
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
