Esa misma tarde, me quedé en el patio trasero mientras Jonathan y Lila jugaban.
Se reían, corriendo en círculos como si nada hubiera cambiado.
Los observé durante un buen rato.
Y por primera vez en años, no sentí que apenas me aferraba a la vida.
Me sentí firme.
Presente.
Con los pies en la tierra.
Y me di cuenta de que Peter no me había salvado.
Simplemente había cumplido una promesa.
Y por fin había aprendido a ocupar mi lugar.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
