En el funeral, sus familiares llegaron esperando tener el control. En cambio, su testamento me nombró administrador único de su patrimonio, con una condición irrevocable: criar y proteger a Sofía hasta la edad adulta.
Hoy tengo 25 años.
Sofía me llama "Ale". La llevo a la escuela, le preparo el desayuno y le cuento historias de la mujer extraordinaria que la amó desde la distancia.
No heredé solo la riqueza.
Heredé la responsabilidad, y una lección que nunca olvidaré:
La verdadera herencia no es lo que posees.
Es a quién eliges proteger.
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