Me cortaron el vestido de novia. Y luego vieron...

Mi vestido de novia colgaba en el armario. Blanco, claro, con encaje, elegido con incertidumbre, con dudas, pruebas y la silenciosa esperanza de que al menos ese día todo saliera bien. El novio ya estaba en el pueblo. Su familia se preparaba para la ceremonia. Una pequeña capilla blanca se alzaba en una colina, una bandera estadounidense ondeaba en la entrada, y pensé que este lugar sería el comienzo de una vida adulta y tranquila.

Mis padres se habían comportado de forma extraña desde nuestra llegada. Mi madre era fría y distante, mi padre brusco, como si todo lo que ocurría le irritara con mi sola existencia. Mi hermano, el único que quedaba viviendo en esta casa, me miraba con su habitual mezcla de burla y superioridad. Siempre creyó saber más de mí que yo misma.

Me acosté temprano. No por cansancio, sino por ansiedad. Sentía una opresión en el pecho, como si el aire se hubiera vuelto más denso. Afuera, la calle se fue quedando en silencio, pasaba algún coche de vez en cuando, y la ciudad se quedó dormida, sin saber que algo más que un vestido sería destruido en una de sus casas esa noche.

Me desperté sobre las dos de la mañana.

Al principio, no entendía por qué.

Entonces oí voces apagadas en el pasillo.

Encendí la lámpara e inmediatamente presentí que algo andaba mal. La habitación estaba demasiado vacía. Las bolsas de ropa colgaban de forma diferente a como las había dejado. El pánico se apoderó de mí, fría y húmeda.

Fui al armario.

La primera bolsa.

Bajé la cremallera y vi tela blanca, cortada transversalmente con precisión. Sin histeria, sin bordes irregulares. Calma. Frío.

La segunda funda, lo mismo.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.