“¿Qué te hace tener tanta confianza?”, quiso decir en voz alta.
Porque, Darius, tu madre está literalmente planeando robártela ahora mismo.
Pero guardó silencio absoluto, mirándolo fijamente con una mirada larga, tranquila y firme.
Él fue el primero en apartar la mirada.
La noche estaba tranquila, salvo por el susurro de los árboles fuera de la ventana y la bocina lejana de un coche en la autopista.
La respiración de Darius era regular y casi silenciosa en la oscuridad.
Ella sabía que no estaba dormido.
Lo sentía con total certeza.
Y sabía que todo cambiaría muy pronto, porque en cinco años de matrimonio, había aprendido a leerlo no solo a través de sus ojos y tono de voz.
Había aprendido a anticipar sus movimientos antes de que los hiciera.
Y la premonición ahora era tan clara y fuerte que casi quería reír.
Bueno, que lo intentaran, pensó con calma.
Esperaría y observaría.
La mañana comenzó con una llamada que lo cambió todo.
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