Revolvió lentamente el azúcar en su té, observando cómo la cuchara se movía en círculos.
—No me gusta esta cocina. Quiero modernizarla.
—Bueno, entiendo ese sentimiento, querida.
Su suegra se inclinó sobre la mesa y el aroma abrumador de perfume floral barato la inundó.
—Pero piénsalo bien. ¿Y si de repente necesitas ese dinero para algo más importante? ¿Un tratamiento médico, por ejemplo, o alguna otra emergencia?
Darius permaneció en completo silencio, mirando fijamente su taza de té como si guardara los secretos del universo.
Su rostro estaba tenso y forzado, como si esperara una explosión en cualquier momento.
—Si necesito el dinero, lo usaré —respondió Kiana con serenidad—. Pero aún no lo he necesitado para nada urgente.
La Sra. Sterling suspiró tan teatralmente que merecía una nominación al Oscar.
“Yo, por ejemplo, ahorré toda mi vida, centavo a centavo, guardando cada dólar que encontraba. ¿Y qué pasó al final? Ahora estoy jubilada, apenas sobreviviendo mes a mes. Los servicios públicos son caros. Los medicamentos son caros. Al menos Darius ayuda cuando puede.”
Kiana arqueó una ceja ligeramente.
“¿Ayuda económicamente?”
Darius se estremeció visiblemente.
“Bueno, a veces le doy algo de dinero cuando puedo, le llevo la compra, le ayudo con las facturas.”
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