Porque ya abrieron cajones.
Ya buscaron “la USB”.
Ya cruzaron una línea.
El operador contestó.
Hablé claro. Dirección. Descripción.
Mientras hablaba, vi algo raro en la cara de Doña Teresa.
No solo rabia.
Traición.
Como si de verdad creyera que Alejandro le debía obediencia incluso muerto.
Colgué.
—Salgan de mi casa. O saldrán con patrullas mirando.
La patrulla tardó menos de quince minutos.
Pero ese cuarto de hora convirtió mi sala en un campo minado.
Nadie se movía demasiado.
Cualquier paso podía convertirse en delito.
Doña Teresa caminaba en círculos.
Rodrigo susurraba estrategias.
Yo me quedé junto a la puerta.
Móvil en la mano.
Calma extraña.
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