—Estoy insinuando que si no paran ahora mismo, la próxima vez que entren a esta casa será con la policía detrás.
Las miradas se cruzaron. Nerviosas.
Un pantalón cayó dentro de una maleta.
Doña Teresa apretó los labios.
—No te atreverías.
Saqué el móvil. Lo desbloqueé. La miré directo a los ojos.
—Alejandro sí se atrevió.
Pausa.
—Y me dejó el botón para apretarlo.
Ellos pensaban que la viuda estaba sola…
Pero no sabían que Alejandro había dejado algo mucho más poderoso que dinero.
Parte 2…
Lo primero que hice fue caminar hasta el escritorio.
No como una mujer desesperada.
Sino como alguien que reclama su propio suelo.
Rodrigo intentó interponerse.
Le sostuve la mirada.
Él se apartó.
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