Comprensión
No llegó de inmediato.
Una noche, en la silenciosa cocina, una montaña de platos sucios parecía un reproche.
Se sentó, comiendo comida fría, mirándose las manos: rojas, secas y extrañas.
Y de repente se dio cuenta:
Mis manos lucen así todos los días.
Se dio cuenta de que llevaba años viviendo así.
Sin gratitud. Sin reconocimiento.
Con preguntas en lugar de "gracias", y con reproches en lugar de apoyo.
Y entonces sintió verdadera vergüenza.
Por primera vez, dijo en voz alta:
"No lo sabía".
Y Nina Petrovna respondió:
"Porque no quería saberlo".
Solución
No se explayó.
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