Me Llegó Una Demanda De Divorcio… Y Yo Nunca Me Había Casado…

Le dije eso es imposible. Ella me respondió, si cree que hay su plantación, necesita presentar una moción y traer identificación. Colgué con la garganta cerrada. Me quedé sentado mirando mi cartera como si adentro hubiera una respuesta. Y en ese punto algo en mí cambió. Dejé de pensar qué raro. Y empecé a pensar quién. Fui a ver a mi hermano mayor, Iván 33 esa misma tarde. Iván es la persona que siempre me aterriza, el que no se deja llevar por pánico.

Le llevé los papeles. Los leyó, frunció el ceño y me dijo, “Esto no es una broma, esto es un lío serio. Le pregunté si conocía el nombre de la mujer. Me dijo que no. Le pregunté si había oído de ese condado. Me dijo que era famoso por hacer trámites rápidos para gente de acá, bodas, licencias, cosas así. Iván me soltó una frase que me dio asco. Hay lugares donde con el dinero correcto todo sale. Volví a mi casa con la determinación de hablar con Laura en persona.

Laura llegó del trabajo, me dio un beso rápido, como quien quiere que todo siga normal y yo le puse los papeles en la mesa. Le dije, “Necesito que me mires a los ojos y me digas que no sabes nada.” Laura me miró y lloró. Lloró antes de hablar. Ese detalle fue mi segundo golpe, porque cuando alguien es inocente, primero se indigna. Cuando alguien es culpable, primero se quiebra. Laura me dijo que no sabía que iba a llegar a esto, que había sido una cosa de su familia, que ella no quiso.

Y yo, con la voz temblando, le dije, “¿De qué estás hablando?” Laura respiró como si tuviera una piedra en el pecho y confesó lo impensable, “Mi nombre fue usado para registrar un matrimonio.” Y ella sabía. No solo sabía, ella lo permitió porque según ella era temporal, un trámite, algo que no me afectaría y lo hicieron para ayudar a alguien. La mujer que me demandaba se llamaba Carla. Era prima de Laura. Carla necesitaba un estatus para un beneficio que yo ni entendí en ese momento.

Laura me lo explicó como si estuviera contándome una historia donde yo iba a entender y perdonar. Dijo que Carla estaba desesperada, que tenía un hijo, que necesitaba cobertura médica, que estaba con deudas, que la familia se organizó, que encontraron un modo, que solo necesitaban un nombre confiable y un documento, y que como yo soy buena persona, pensaron que yo no me iba a negar si me lo pedían. lo dijo así, como si el error hubiera sido no pedírmelo, no hacerlo.

Yo me quedé helado. Le dije, “Tú me estás diciendo que tu familia me casó con tu prima sin decírmelo.” Laura empezó a decir, “No fue así. No fue una boda real. Fue un trámite. Fue una firma. Ni siquiera tuviste que estar. Todo se hizo. No la dejé terminar. Le dije cómo lo hicieron sin mí. Laura bajó la mirada y dijo con copias. copias de mi INE, de mi pasaporte, de mis documentos, copias que ella tenía porque como pareja habíamos hecho trámites juntos, rentas, seguros, todo lo normal, copias que yo jamás pensé que alguien usaría para inventarme una vida.

Ahí fue cuando empecé a gritar. No deed, te odio. De pánico. Le dije que eso era fraude, que eso era un delito, que eso podía arruinarme. Laura me dijo que no exagerara, que no pasa nada, que se puede arreglar, que solo era para ayudar. Y esa frase solo era para ayudar fue como gasolina. Porque yo podía entender ayuda cuando alguien te pide dinero y tú decides. Esto no fue ayuda. Esto fue robarte el nombre y usarlo como llave.

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