Le dije que se fuera. Laura se negó al inicio llorando, diciendo que me amaba. Le dije, “Me amas y aún así dejaste que me hicieran esto.” Laura dijo, “Yo no pensé que te iban a demandar.” Y ahí entendí que no solo me habían usado, me habían usado con la confianza de que yo iba a aguantar. Esa noche Laura se fue con una maleta. Yo me quedé en el departamento sentado en el piso con el expediente en la mano, repitiéndome que esto no está pasando.
Pero sí estaba pasando. Y lo peor es que todavía no había visto el tamaño real porque el divorcio era solo la punta del Iceever. Actualización uno. Fui al tribunal con mi identificación, copias de todo y una mezcla de vergüenza y furia que no sabía dónde guardar. La señora de la ventanilla me trató como si yo estuviera contando el cuento más común del mundo y supongo que para ella lo era. Me dijo que podía solicitar el expediente completo.
Lo pedí. Me lo entregaron impreso con hojas engrapadas y ahí estaba mi matrimonio con Carla. una licencia, firmas, testigos, todo. Mi firma supuestamente. Y yo miré esa firma y supe al instante que era falsa, porque no solo estaba mal hecha, estaba hecha por alguien que no me conoce, alguien que imitó un garabato sin saber cómo escribo yo de verdad. Pero lo que me dejó peor fue otra cosa. Había un registro de una ceremonia virtual. Sí, una ceremonia por videollamada con un oficiante del condado.
En el expediente venía la nota de que el cónyuge masculino, yo había presentado identificación en cámara y ahí mi cerebro hizo click. Alguien no solo usó mis copias, alguien se hizo pasar por mi frente a una cámara. Pedí hablar con quien pudiera darme más información. Me dijeron que había un vídeo archivado. Solicité acceso por procedimiento. Me dieron una fecha para ver el material con un funcionario. Volví a casa en Shock y ahí fue donde Iván me dijo, “Esto ya no es solo problema con tu novia, esto es crimen.
Necesitas abogado, necesitas reporte, necesitas protegerte.” Hice lo que nunca pensé hacer. Fui a levantar un reporte por su plantación de identidad. No voy a dar detalles técnicos, pero el resumen es que congelé crédito, cambié contraseñas, puse alertas, revisé cuentas y mientras hacía eso, mi celular no paraba. Laura me llamaba, me mandaba mensajes larguísimos, audios llorando, diciendo que su familia la estaba presionando, que Carla estaba asustada, que solo querían arreglarlo sin meter policía. Esa última parte me confirmó todo.
No querían arreglarlo, querían que yo me callara. Cuando le dije a Laura que ya había hablado con un abogado, Laura cambió. Pasó del llanto a la defensa en segundos. Me dijo que yo estaba arruinando vidas, que Carla solo era una madre desesperada, que su tía me iba a odiar, que su familia nunca me lo iba a perdonar. Y ahí me salió una frase que todavía siento en la boca. ¿Y tú crees que yo te voy a perdonar a ti?
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