Cuando la enfermera salió, Ethan bajó la voz. Si estás fingiendo, Ava, para. Estás confundida. No entiendes lo que pasa.
Sloane se inclinó; el perfume impregnaba el aire. "Descansa", susurró. "Pronto te sentirás mejor".
Ethan se dio la vuelta y sacó su teléfono. "Ya casi está", dijo en voz baja. "El papeleo está listo. En cuanto ella lo declare... nos mudamos".
Mi corazón latía con tanta fuerza que estaba segura de que el monitor me delataría. Esto no era dolor. Era un horario.
Se giró, con la mirada fría. "Si me amas, Ava", dijo en voz baja, "me soltarás".
Su mano se deslizó bajo la manta, agarrando mi muñeca; no con suavidad. Probándome.
Entonces lo sentí: presión en la vía intravenosa, un cambio sutil, el escozor de algo que empujaban.
"Buenas noches", susurró.
La oscuridad se apoderó de mí; no era sueño, sino algo más pesado.
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