Mi abuelo le traía flores a mi abuela todas las semanas. Después de morir, un extraño le entregó flores con una carta que revelaba su secreto.

Ahora visitamos el jardín todos los sábados.

Traemos té. Libros. Tranquilidad.

A veces la abuela trae flores a casa y las pone en el jarrón sobre la mesa.

“Sigue aquí”, dice. “En cada flor”.

Y tiene razón.

Algunos amores se desvanecen.
Algunos amores perduran.
Y algunos amores, como el del abuelo, nunca dejan de florecer.

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