Mi cuñada solía ser una persona vivaz y enérgica. Pero un día, en un accidente de camino a casa desde el trabajo, perdió la audición por completo y, a partir de ese momento, no pronunció una palabra más.

Durante 7 años, vivió en silencio junto a mi hermano, sin quejarse ni discutir.
Todos los quehaceres de la casa —desde cuidar a mis suegros hasta criar a nuestro pequeño hijo— los hacía en silencio.
Se comunicaba solo usando papel y lápiz, o a veces con mensajes de texto en su teléfono si era necesario.
Sinceramente, la admiraba.
Pero un día, la mala suerte nos golpeó.
MI HERMANO FALLECIÓ REPENTINAMENTE
Mi hermano murió de un derrame cerebral repentino mientras trabajaba en la fábrica.
No tuvo tiempo de dejar un último deseo. No dejó testamento.
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