Las piezas comenzaron a encajar. Por eso don Roberto me había protegido tanto, por eso me había hecho huir. Si me atrapaban, me obligarían a firmar esas tierras o algo peor. Y Diego, él sabía todo esto. Esteban bajó la mirada. Sí, don Roberto se lo contó hace meses, por eso se adelantó la boda. Pensamos que si te casabas rápido y mantenías un perfil bajo, estarías a salvo. Pero alguien los delató. Sentí una mezcla de traición y alivio. Diego sabía, me había protegido, pero también me había ocultado la verdad.
Esa noche no pude dormir. Me quedé en una habitación pequeña, acostada en un catre, mirando el techo de madera. Afuera, los grillos cantaban y el viento movía las ramas de los mezquites. Cada ruido me sobresaltaba. Tenía miedo de que alguien llegara, de que me encontraran, de que todo terminara mal. Al amanecer, Esteban tocó la puerta. Sofía, tenemos que irnos. Recibí una llamada, don Roberto, lo tienen. El mundo se derrumbó a mi alrededor. Me levanté de un salto.
¿Qué? ¿Cómo? Anoche, después de que te fuiste, irrumpieron en la casa. Se lo llevaron. Están exigiendo que aparezcas y firmes los papeles. Si no lo haces, amenazan con matarlo. Las lágrimas brotaron sin control. Me dejé caer en la cama, cubriéndome la cara con las manos. Don Roberto, el hombre que me había salvado, ahora estaba en peligro por mi culpa. ¿Y Diego? Pregunté entre soyosos. está escondido tratando de conseguir ayuda. Pero Sofía, tienes que entender algo. Si te entregas, todo habrá sido en vano.
Don Roberto prefiere morir antes que verte caer en sus manos. No puedo dejar que muera por mí, dije con voz temblorosa, pero firme. No puedo. Esteban me miró con seriedad. Entonces tenemos que ser más listos que ellos. Necesitamos un plan. Doña Carmela entró con un teléfono viejo. Llamaron de nuevo. Dicen que tienen a don Roberto en una bodega en León. Quieren que vaya sola, sin policía, sin nadie. Respiré hondo. El miedo me paralizaba, pero al mismo tiempo una fuerza nueva nacía dentro de mí.
No podía seguir huyendo. No podía dejar que don Roberto pagara por protegerme. Tenía que hacer algo. ¿Qué vamos a hacer?, pregunté mirando a Esteban. Él apretó los puños. Vamos a ir, pero no sola. Tengo amigos, gente de confianza. Entraremos por sorpresa. Pero, Sofía, esto será peligroso. Muy peligroso. Asentí. Ya no había marcha atrás. Mi noche de boda se había convertido en una guerra y estaba dispuesta a luchar, aunque me costara la vida por el hombre que me había salvado y por el futuro que me pertenecía.
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