Mi esposa embarazada ahorró $7,000 para nuestro bebé, y le pedí que se los diera a mi hermana. Se negó, y luego me contó que parte de ese dinero era el último regalo de mi difunta madre, para ayudarme a quedarme en casa cuando naciera el bebé. La carta que dejó cambió mi perspectiva sobre la familia.

A veces la vida te sacude, no para castigarte, sino para obligarte a volver a lo que más importa.

Historia 2: El milagro en el crematorio
Abrió el ataúd de su esposa embarazada para darle un último adiós... y vio que su vientre se movía. Detuvo la cremación; lo que los médicos descubrieron a continuación dejó atónitos a todos.

La mañana en que Elena Ríos iba a ser incinerada, el aire dentro del Crematorio de Sevilla se sentía denso y sofocante. Su esposo, Mateo Navarro, caminaba como si cada paso lo arrastrara más profundamente en el dolor. Elena había fallecido dos días antes tras complicaciones repentinas en su séptimo mes de embarazo. Todo había sucedido demasiado rápido para que Mateo lo comprendiera.

El ataúd había sido sellado en el hospital, pero Mateo rogó abrirlo solo unos segundos, solo para ver su rostro por última vez.

El gerente accedió.

Con manos temblorosas, Mateo levantó la tapa.

El rostro de Elena parecía tranquilo, casi dormido. Su vientre, aún redondo, estaba inmóvil.

Entonces se movió.

No fue imaginación. Ni una sombra.

Un pequeño e inconfundible empujón desde adentro.

El corazón de Mateo se encogió.

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