“Lo perderá.”
“Puede perderlo. Pero no por nosotros.”
“Y si me vuelves a tender esa trampa,” dije en voz baja. “Me iré. Y esta vez, no volveré.”
“Te creo, Flo.”
“Y deberías. Porque por fin yo también me creo.”
**
Reabrimos la cuenta.
Establecí el presupuesto.
Volví a comprar el yogur de dinosaurio: dos paquetes.
Llegó el abrigo nuevo de Nicole. Michael lo colgó junto a la puerta.
Y por una vez, me atendió.
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