Exhalé lentamente. "No puedes usar el amor como arma, Michael".
En casa, Nicole dormía pegada a mí. Micah coloreaba dinosaurios en la mesa. Michael rondaba, perdido.
"Siéntate".
"Flo..."
"Michael, siéntate".
"No soy tu empleada. No soy tu hija. Y no soy alguien a quien puedas controlar".
"Lo sé".
"No, no lo eres. Si lo supieras, no habrías aceptado mi tarjeta".
"Lo siento. Tenía miedo y vergüenza".
"Fracasaste. Me fallaste". “Y ahora vas a arreglarlo.”
“Dime cómo.”
Lo expliqué con claridad. Transparencia. Cuentas compartidas. Mimi contribuyendo.
“Mimi”, escribió. “Pagas $400 al mes. Empieza ahora.”
La charla familiar estalló.
“Reabrimos la cuenta conjunta. Acceso total. Transparencia total.”
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