Nada.
"Lo sé todo". Sus párpados temblaron.
“La enfermera. El seguro. Las mentiras.”
Lentamente, deliberadamente, abrió los ojos y me miró fijamente.
No confundido.
Asustado.
“Puedo explicarlo”, susurró.
Reí con amargura. “¿Explicar por qué nos robaste meses de vida? ¿Por qué dejaste a tu hija llorar junto a tu cama mientras planeabas un pago?”
“Se suponía que aún no lo sabías”, murmuró.
Todavía.
Esa palabra fue la que más me dolió.
Rebecca irrumpió en la habitación y se quedó paralizada al verlo incorporarse.
“¿Se lo dijiste?”, siseó.
“Yo no…”
“Guárdalo”, dije. “Grabé tu llamada”.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
