La voz de Eleanor resonó en la habitación. "Transfiere todo. No dejes ni un dólar".
PARTE 2
La palabra "transferir" me cortó la cabeza como una cuchilla.
Michael parecía satisfecho. "Mañana le diremos que no podemos pagar las facturas del hospital ni lidiar con su depresión. No luchará. Saldremos indemnes".
Intenté gritar, pero solo se me escapó el aire.
Cuando desperté del todo a la mañana siguiente, ya no estaban. La enfermera me dijo que mi esposo había firmado el alta.
Con manos temblorosas, abrí la aplicación de mi banco.
$0.00.
Cuenta. Ahorros. Fondo de emergencia. Todas las horas extra que había trabajado, perdidas.
Las transferencias se realizaron entre la 1:12 y la 1:17 a. m. El destinatario no era un hospital ni una agencia de cobranza.
Era una inmobiliaria de lujo.
Cuando Michael regresó esa tarde con un café en la mano como si nada hubiera pasado, ya ni siquiera fingió estar de luto.
"Gracias por la huella", dijo con naturalidad. "Dimos la entrada para una casa en Hidden Valley. Un barrio de lujo. A mamá le encanta".
En lugar de llorar, me reí.
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