Contuve la respiración.
“Entonces, ¿por qué te divorciaste?”, preguntó mi madre.
Tras una pausa, Meera volvió a hablar con voz temblorosa.
“Fue culpa mía. Estaba obsesionada con ganar más, pensando que el dinero mantendría todo estable. No veía lo solo que se sentía. Estaba tan decidida a ser fuerte que lo hice sentir innecesario.”
Esas palabras me impactaron. Durante años, creí que ella había elegido su carrera por encima de nosotros. Nunca imaginé que el miedo se escondía tras su fuerza.
“Tengo miedo”, continuó. “Miedo de que si no demuestro que puedo con todo, un día me abandone porque se cree una carga.”
Mi madre guardó silencio un largo rato.
“Un matrimonio no se trata solo de dinero”, dijo finalmente. “Se trata de mantenerse unidos cuando la vida se pone difícil.”
Regresé a mi habitación, pero no dormí. Los recuerdos afloraron: noches de hospital sola, comidas frías, conversaciones que quería tener pero nunca tuve. No habíamos dejado de amarnos. Simplemente no sabíamos cómo pedir ayuda.
Al amanecer, desperté a Meera. Medio dormida, me preguntó por qué.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
