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# El Pacto del Silencio
En el salón privado del **Damascus Rose**, las carcajadas resonaban como el cristal tallado. Me quedé erguido, con el tenedor suspendido sobre un trozo de cordero apenas tocado, mientras los **doce Almanzor** charlaban en árabe a un ritmo vertiginoso: un torrente de palabras que me rozaban sin cesar. En apariencia, no entendía nada.
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**Tariq**, mi prometido, presidía la mesa, con su pesada palma apoyada en mi hombro como un sello de propiedad... y ni una sola traducción. Su madre, **Leila**, me observaba con la precisión de un ave rapaz, con la leve sonrisa de una mujer convencida de que ya había ganado.
"Ni siquiera sabe hacer café", le susurró Tariq en árabe a su hermano, divertido. *Ayer usó una máquina.*
**Omar** casi se atraganta de la risa.
**¿Una máquina? ¿Y te vas a casar con eso?*
Tomé un sorbo de agua, impasible. La misma cara serena que había tenido durante los últimos seis meses, desde la propuesta. Me habían encasillado: la chica americana un poco lenta, guapa pero "sencilla", incapaz de seguir una conversación. Les tranquilizaba. Se equivocaban.
Sonreí cuando Tariq se inclinó hacia mí.
"Mi madre dice que estás despampanante esta noche, *habibti*".
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