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De camino a casa, bajo las luces de Boston, reviví las cenas, las sonrisas, los insultos, las traiciones, y la moraleja: el silencio puede ser una estrategia, la paciencia una fortaleza.
El anillo de compromiso yacía bajo llave, una reliquia de arrogancia y errores de cálculo. Algún día, lo vendería, y el dinero financiaría a mujeres que emprenden sus propios negocios. Por ahora, permanecía allí, un recordatorio: **El silencio no es rendirse.**
Ocho años en Dubái me habían enseñado el lenguaje de la negociación. Esta historia, sin embargo, me había enseñado algo mejor: la estrategia a largo plazo, la moderación y el poder de ser subestimada.
Me serví una copa de vino y miré la ciudad.
Mañana finalizaría la expansión a Catar. El mes que viene, me convertiría en Vicepresidenta Ejecutiva de Operaciones Globales.
Esta noche, brindé, sola.
Por las lecciones. Por las victorias silenciosas. Por los nuevos comienzos.
En árabe, las palabras finalmente sonaron como mías.
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