Sigo en remisión. Mi cabello ha vuelto a crecer, más grueso y rizado. Vendí la casa y me mudé a un apartamento junto al mar. Viajo. Respiro. Vivo a mi manera.
Oigo a través de otros que ahora tienen dificultades económicas. Mi madre a veces llama, disculpándose, diciendo que calculó todo mal.
Ya no contesto.
El cáncer me enseñó algo inesperado: sobrevivir no se trata solo de eliminar la enfermedad del cuerpo. Se trata de eliminar lo que daña el espíritu.
No fueron mi apoyo.
Fueron mi lección.
¿Fui demasiado duro al trazar ese límite o cruzaron una línea que jamás podría repararse?
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
