Valentina observa a la multitud en busca de compasión. Algunos parientes mayores se remueven incómodos, fieles al silencio incluso cuando el silencio hiere profundamente.
"Lo estás tergiversando", insiste. "Martín y yo nos enamoramos".
Ríes suavemente, sin humor.
"Qué extraño", dices, "porque me dijiste que amaste a Diego durante años. Lloraste por él. Esperaste a que te mirara".
Se pone rígida. La multitud se acerca.
Diego mantiene la compostura, pero sientes que la tensión lo recorre.
"No puedes reescribir la historia frente a un público", continúas. "Esto no fue romance. Fue traición".
Sus mejillas se enrojecen. Vuelve al ataque.
"Estabas celoso. Siempre quisiste lo que era mío".
La ironía casi te ahoga.
"¿Qué era tuyo?", preguntas con calma. "¿Mi prometido? ¿Mi compromiso? ¿Los aplausos mientras me desmoronaba?".
La frustración se refleja en su expresión.
Entonces aparece Martín, sin aliento, con la corbata suelta y el rostro pálido. Su mirada se posa en ti, junto a Diego, y algo oscuro brilla allí.
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