Hailey aún no había nombrado a la persona, dijo Lauren, pero indicó que era alguien a quien veía a menudo. Alguien a quien temía que no le creyeran.
Entonces Lauren preguntó en voz baja: "¿Se siente Hailey segura en casa?".
La pregunta me impactó como una bofetada.
"Claro que está a salvo", dije, pero las palabras me resultaron frágiles, quebradizas.
Lauren me miró a los ojos con compasión y sinceridad. "A veces los niños guardan silencio para proteger a quienes se supone que los quieren".
Imágenes inundaron mi mente: Hailey estremeciéndose cuando Mark entraba en una habitación, su miedo a los fines de semana, su creciente silencio.
No.
No…
Me hundí en una silla, temblando.
Lauren recomendó que Hailey y yo nos quedáramos en otro lugar esa noche, solo por precaución.
Asentí débilmente. "En casa de mi hermana".
Cuando regresé a la habitación, Hailey estaba sentada abrazándose las rodillas, con la mirada perdida. Cuando me vio, rompió a llorar. La abracé.
“Estoy aquí”, susurré. “Estás a salvo. Te lo prometo”.
Por dentro, me estaba desmoronando, porque ya temía la verdad.
Esa noche, fuimos a casa de mi hermana Amanda. Nos miró y no dijo nada; simplemente abrazó a Hailey con ternura.
No pude dormirme. Mi mente repasaba recuerdos que había ignorado: Hailey encogiéndose alrededor de Mark, suplicando que no la dejaran sola con él, el miedo en su voz.
¿Por qué no lo había visto?
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