Mi hija de diez años siempre corría al baño en cuanto llegaba del colegio. Cuando le pregunté: "¿Por qué siempre te bañas enseguida?", sonrió y dijo: "Simplemente me gusta estar limpia". Sin embargo, un día, mientras limpiaba el desagüe, encontré algo. En cuanto lo vi, me tembló todo el cuerpo, e inmediatamente...
Mi hija Sophie tiene diez años y durante meses siguió el mismo patrón todos los días: en cuanto llegaba del colegio, dejaba la mochila junto a la puerta y corría directa al baño.
Al principio, lo ignoré como una fase. Los niños sudan. Quizás no le gustaba sentirse sucia después del recreo. Pero pasaba tan a menudo que empezó a parecer... ensayado. Sin merienda. Sin tele. A veces ni siquiera un saludo, solo "¡Al baño!" seguido del sonido de la cerradura al girar.
Una noche, finalmente le pregunté en voz baja: "¿Por qué siempre te bañas enseguida?".
Sophie esbozó una sonrisa un poco forzada y dijo: "Solo me gusta estar limpia".
Esa respuesta debería haberme tranquilizado. En cambio, me dejó un nudo en el estómago. Sophie solía ser desordenada, brusca y olvidadiza. "Solo me gusta estar limpia" sonaba como algo que le habían enseñado a decir.
Como una semana después, ese nudo se convirtió en algo mucho más pesado.
La bañera había empezado a vaciarse lentamente, dejando un anillo gris en el fondo, así que decidí limpiar el desagüe. Me puse guantes, desenrosqué la tapa y metí una barrena de plástico.
Se enganchó en algo blando.
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