Mi hija me echó de casa porque me bebí sin querer el jugo de naranja de mi nieta, y me fui sin pensarlo. Pero ella no sabía que tengo 20 millones y que voy a hacer algo que hará que todos se arrepientan.

Llevaba una simple convicción en su corazón:

Mi hija me cuidará. Yo cuidaré de mi nieta. Una familia sobrevive porque todos se apoyan.

Cada mañana, acompañaba al pequeño Aarav a la guardería.

Cada tarde, cocinaba, lavaba la ropa y se encargaba de la casa.

Nunca le mencionó a Riya que los 20 millones de rupias que ganó con la venta de su casa seguían intactos en su cuenta bancaria, ni que su libreta de ahorros estaba cuidadosamente envuelta y escondida dentro de su viejo bulto de tela.

Esa tarde en Delhi hacía un calor sofocante. Vientos secos y abrasadores azotaban el pequeño jardín exterior de la casa.

Lakshmi sentía la garganta ardiendo de sed.
En la mesa había un vaso medio vacío de zumo de lima dulce que Aarav había estado bebiendo. Unos cuantos cubitos de hielo derretidos se pegaban al vaso.

Dio un pequeño sorbo, justo lo suficiente para humedecerse los labios.

En ese preciso instante, Riya salió de la cocina y la vio.

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