“Pongo la casa a la venta”.
Natalia me miró fijamente como si no hubiera oído bien.
“¿Tú… qué?”
“Se vende esta semana”, dije con calma. “Firmo mañana. Las llaves se entregan el viernes”.
El silencio golpeó la habitación como un muro.
Sebastian empezó a llorar. Martina se aferró a la barandilla.
La voz de Natalia tembló de pánico. “¡No puedes hacer esto! ¡Vivimos aquí!”.
“Viven aquí porque yo lo permití”, dije. “Y trataste ese permiso como si fuera tu propiedad”.
Roberto se aclaró la garganta con nerviosismo. “Arturo, podemos irnos hoy…”
“No se trata de que te vayas”, dije. “Se trata de lo que mi hija ya eligió”.
Natalia suplicó, hizo promesas, intentó deshacer el momento, demasiado tarde.
Porque el daño no era la habitación.
El daño fue la verdad:
Cuando llegó la presión, ella decidió protegerlos, sacrificándome.
Saliendo
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
