“No puedo creer que seas egoísta.”
Egoísta.
Por querer dormir en mi propio cuarto.
Esa palabra lo cambió todo.
Desde ese día, la casa se volvió fría.
Natalia hablaba con frases cortas.
Miriam y Roberto me recibieron como si fuera un problema.
Hasta Andrés empezó a verme como un obstáculo.
Lo peor de todo fue que mis nietos empezaron a asimilar la nueva historia.
Una tarde, Sebastián preguntó con dulzura:
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