Las otras cortinas eran ligeras y dejaban entrar el sol.
Era como si recuperara su espacio, centímetro a centímetro.
El trabajo iba bien. El tiempo libre, antes desperdiciado en interminables tensiones familiares, de repente se convirtió en un recurso. Se apuntó a un curso de diseño; llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo, pero lo posponía. «Luego», «cuando esté más tranquilo», «cuando todo mejore».
Ya no había necesidad de esperar.
Una noche, sonó el teléfono. No el timbre, sino el teléfono.
Lydia Petrovna.
Nadezhda se quedó mirando la pantalla unos segundos. Entonces por fin contestó.
«Tenemos que hablar», dijo su suegra secamente. Su exsuegra.
«Te escucho».
«Destruiste a la familia».
Nadezhda sonrió levemente.
«La familia no se trata de paredes ni de metros cuadrados. No se trataba de documentos». Hubo una pausa en la línea.
"Alexey está sufriendo", añadió Lidia Petrovna, en voz más baja.
"Los adultos a veces sufren por sus decisiones", respondió Nadezhda con calma. "Es parte de la responsabilidad".
"Podrías... perdonar".
"No guardo rencor", dijo con sinceridad. "Pero no volveré a donde me consideraban temporal".
Su suegra suspiró profundamente.
"Siempre has sido demasiado tranquila. Da miedo".
"No", respondió Nadezhda en voz baja. "Simplemente he aprendido a no gritar cuando puedo actuar".
La conversación terminó sin pelea. Sin recriminaciones. Simplemente... terminó.
Más tarde, por la noche, Nadezhda estaba sentada en el suelo de la sala con una taza de té. Afuera nevaba. Blanca, limpia, silenciosa.
No pensaba en el pasado, pensaba en el futuro.
A veces la gente intenta arrebatarte tu hogar. A veces es tu confianza.
A veces es tu voz.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
