Tu cuerpo se convierte en un escudo.
Tu voz se vuelve de hierro.
Tu amor se convierte en una frontera que nadie cruza sin consecuencias.
La habitación 418 fue el final de una historia.
Y el comienzo de otra.
No venganza.
Protección.
Y esa es una línea que nunca volverá a ser negociable.
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