"¿Lo arreglaste?", espetó Marjorie. "¡Estoy sentada en mi coche como una delincuente!".
"¿Qué hiciste?", replicó Derek. "¿Por qué estabas en nuestro apartamento?".
"Te lo dije", dijo ella, ofendida. "Necesitaba comprar comida. Vació la cuenta para avergonzarme".
La mirada de Derek se desvió hacia la captura de pantalla sobre la mesa: Marjorie en la puerta, con el hombro girado, el bolso de Olivia abierto. Debajo había otra impresión: una alerta bancaria. Tarjeta bloqueada debido a actividad sospechosa. Marca de tiempo: diez minutos antes del rechazo.
Olivia no había movido dinero por despecho. Había cerrado el acceso después de que le robaran la tarjeta.
"Mamá", dijo Derek con cuidado, "¿le sacaste la tarjeta del bolso?"
Una pausa. Luego, furia. "Estaba en el cajón de la cocina. Si no quería que la usara, no debería haberse casado con alguien de esta familia".
A Derek se le revolvió el estómago. "Entraste a la fuerza".
"Tengo una llave", dijo Marjorie triunfante. "Soy tu madre".
Derek miró su llave de repuesto sobre la mesa. Olivia la había encontrado. Se la había llevado. Sabía exactamente cómo se desarrollaría esto.
Un golpe seco y oficial golpeó la puerta.
Derek se estremeció y abrió, casi esperando a Olivia, ya armada con acusaciones.
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