Etapa 1. Silencio en lugar de defensa: "Cuando los familiares sonríen ante el dolor ajeno"
Tamara volvió lentamente la mirada hacia sus hijas, y fueron sus rostros los que más la impactaron.
Elya no se quedó sin aliento. No se levantó de un salto. No corrió hacia su madre. Ella... sonrió. Una sonrisa pequeña, casi imperceptible, como si escuchara una buena noticia que llevaba mucho tiempo esperando.
Vika levantó la vista del teléfono, miró a su padre y dijo, sin avergonzarse delante de los invitados:
"Por fin. Papá, eres genial".
Alguien se aclaró la garganta con nerviosismo en el salón de banquetes. Larisa, la amiga de Tamara, abrió mucho los ojos como si no entendiera qué idioma hablaban.
Tamara se enderezó. Ni siquiera permitió que su rostro se contrajera. Durante décadas, había aprendido una cosa: si muestras debilidad, te devoran.
"Igor", dijo con calma, "has elegido el día".
Igor se encogió de hombros, como anunciando la salida del contable.
"No quería alargarlo. Además...", miró a los invitados, "avísalen de que nos vamos de forma civilizada. Sin histeria".
Elya intervino:
"Mamá, deja de ser tan dramática. No pasa nada. En Europa, todo el mundo se divorcia".
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