Mi marido anunció su divorcio en mi aniversario.

Vika asintió:

"Y tú puedes con ello. Eres fuerte. Siempre lo has dicho: 'Las emociones son debilidad'".

Tamara dejó lentamente la servilleta sobre la mesa, se levantó y sonrió a los invitados; esa misma sonrisa de anfitriona que ayudaba a firmar contratos y cerrar tratos.

"Gracias a todos los que vinieron", dijo con serenidad. "La celebración continúa. Mi esposo y yo... hablaremos de esto más tarde". Dio un paso hacia la salida, pero Igor le sostuvo la mirada, y en esa mirada se veía el triunfo de quien está seguro de que «he ganado».

Tamara fue al baño, cerró la puerta y solo entonces se permitió respirar como si saliera del agua. Le temblaban las manos. Se miró en el espejo, esos ojos que ya no se parecían a los de una «dama de hierro», sino a los de una mujer que había sido traicionada públicamente.

Y por primera vez en muchos años, un pensamiento surgió en su mente, no de venganza ni de planes, sino uno simple:

«Ya no le debo nada a nadie».

Etapa 2. A casa después del banquete: «Cuando el divorcio es solo una excusa».
En casa, Tamara se quitó los zapatos, como si hubiera estado sacudiéndose toda la noche. Igor la siguió, seguro como el dueño de la casa.

"Bueno", dijo con naturalidad, "firmaremos los papeles mañana. Ya hablé con el abogado. Todo es justo: dividimos la propiedad, el negocio es para ti y yo recibo una compensación. Y las chicas están conmigo, ¿no te importa? Ellas también necesitan vivir".

Tamara lo miró en silencio. Sentía un extraño vacío en la cabeza, como después de un golpe, cuando aún no duele, pero ya está claro: sucederá.

"¿Compensación?", repitió, ladeando ligeramente la cabeza.

"Bueno, sí", sonrió Igor, "Ayudé. Al menos moralmente. Siempre estabas ocupado, y yo... yo estaba ahí. No lo olvides".

Hablaba con naturalidad, como quien ya lo tenía todo calculado.

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