"No queda nada que vender, Denis. Ya lo vendiste todo. Mi fideicomiso. La tranquilidad de mi hijo. Nuestro hogar, hecho pedazos."
Él levantó la vista.
"¿Me dejas?"
"Dejo de arrastrarte", respondió ella. "Son dos cosas distintas."
Ese mismo día, empacó sus cosas. No con enfado, sino con cuidado. Camisetas, calcetines, documentos. Incluso metió su taza favorita.
"Quédate con mamá", dijo. "Allí estarás más cómodo. Siempre te apoyarán."
Se quedó en el pasillo, confundido, pequeño.
"¿Y Artyom?"
"Artyom vivirá donde no mientan ni roben."
Una semana después, Denis se fue.
Sin armar un escándalo. Sin portazos. Como quien se da cuenta de todo por sí mismo, pero ya es demasiado tarde.
Ira nunca apareció. Entonces Lena se enteró: se había mudado a otra ciudad, dejando atrás deudas y a una madre con hipertensión. Es una historia tan vieja como el tiempo.
La vida se volvió más tranquila. Más fácil. Más difícil, sí. Pero más honesta.
Lena aceptó trabajos a tiempo parcial. Artyom empezó a sonreír con más frecuencia. Un día le dijo:
"Mamá, ahora estás diferente. Fuerte".
Lloró entonces por primera vez en mucho tiempo.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
